29.9.09

Abue.


Hace muchos años atrás alguien me dijo que pusiera las manos si es que veía que me iba a caer.
También me preguntaba los domingos si quería ir a misa con ella.
Alguna vez me lleno de alcohol las rodillas cuando caí de la bicicleta.
Me empezó a regalar libros cuando se dio cuenta que me interesaba leer.
Gracias a ella aprendí a jugar solitario y cartas.
Me dijo que cuando se vencían las pastillas había que destrozarlas.
Por las noches algunas veces jugábamos yases sobre una pizarrita.
Los domingos veíamos Pataclaun.
Cuando su prima venía a la casa preparábamos keke marmoleado.
Preparaba la mejor ensaladita de cebolla que jamás haya comido.
Calentaba su pan poniéndolo al lado de la tetera mientras esta hervía.
Remojaba el pan en su café.
Siempre usaba su chompita ploma que tenía los bolsillos repletos de papelitos.
Aún recuerdo el dije del Espíritu Santo que llevaba en una cadenita plateada.
Su ropero siempre estaba lleno, en ocasiones escondía golosinas.
Su cuarto, dos camas, una mesita, lamparita, televisor, baúl, adornitos.
Atrás de su puerta colgaba unas campanitas que sonaban cada vez que se abría.
El olor de ella, inconfundible.

Ella ya no esta conmigo hace ocho años, pero dejó dicho que no vendría a jalarme los pies por la noche.
Tampoco le tengo miedo.

Ella es mi abue Hilda preciosa y la extraño.
La amo.
=)

No hay comentarios:

Publicar un comentario